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Ya hemos comentado en numerosas ocasiones que la tendencia al minimalismo en el diseño web es una práctica tremendamente recomendable y cuya popularidad continúa en aumento. La máxima de “menos es más” nos permite disfrutar de una experiencia de navegación rápida, clara y sin distracciones innecesarias.
Sin embargo, es imprescindible que no perdamos de vista que un diseño minimalista no significa un diseño simple. Lograr que un sitio web resulte funcional y cumpla sus objetivos utilizando un conjunto de elementos reducido y correctamente distribuido es todo un arte y requiere de muchas horas de trabajo hasta dar con la estructura adecuada al mensaje en cuestión.
El diseño minimalista debe ser capaz de guiar al usuario que accede a la página web por primera vez a través de la estructura y del contenido. Y es en este punto en el que en muchas ocasiones nos encontramos con diseños que, al ser excesivamente simples, resultan totalmente crípticos para el usuario, que no sabe dónde debe acceder o hacer clic.
Algunos elementos que pueden ocasionar este problema de “simplicidad excesiva” que lleva a dificultar la navegación y el uso de la web son:
La simplicidad en un diseño puede ser terriblemente frustrante y resultar muy negativa para la experiencia de usuario. Y para el propio diseñador (que conoce el trabajo que está desarrollando) puede ser difícil ser consciente de esa dificultad. Una buena práctica implica mostrar el diseño por primera vez a amigos o colaboradores y observar sus reacciones al enfrentarse a la página web. Si ellos tienen problemas para encontrar algunas características, es que algo está fallando en nuestro diseño.
En resumen, lo opuesto a un diseño bizarro no es la simplicidad, sino el minimalismo cuidadosamente estudiado, planificado y revisado.
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